Especialistas aseguran el agua de mar cura la hipertensión y la obesidad

Revista 110, España. -¿Que beber el agua del mar puede mejorar la salud?, facilitando inclusive la pérdida de peso, es una novedad absoluta, a pesar de que el estudio de las propiedades curativas del agua de los océanos ya había quitado el sueño a decenas de científicos desde tiempos inmemoriales.

Quienes profundizaron en el tema fueron las médicas María Alejandra Rodríguez Zía y María Teresa Ilari Valentí, y el licenciado Mariano Arnal, autores del libro El agua de mar, de Fundación Aquamaris. En esta obra, los especialistas explicaron por qué el agua del mar es uno de líquidos más completos del planeta, cómo se debe beber para lograr los efectos curativos y, por último, todas las afecciones que pueden ser tratadas con esta bebida: desde obesidad hasta hipertensión, pasando por gastritis, hemorroides, estreñimiento, asma, resfríos, acné, psoriasis, artrosis, fibromialgia y osteoporosis.

Los galenos sostienen que tomar el agua de mar de forma adecuada puede curar desde la obesidad hasta la hipertensión, pasando por gastritis, hemorroides, estreñimiento, asma, resfríos, acné, psoriasis, artrosis, fibromialgia y osteoporosis.

“Obviamente el agua de mar, cuya composición mineral es la suma de todas las demás aguas mineromedicinales, demostró una eficacia superior en el tratamiento de estas patologías”, aseguró Ilari Valentí, quien enfatizó: “Del mismo modo que la sed no la determina únicamente la falta de agua, sino también la falta de minerales (de ahí el uso de las aguas isotónicas en el deporte y el de sueros isotónicos en los hospitales), así también en los mecanismos que regulan el nivel de saciedad, el equilibrio de minerales de la ingesta es determinante. Por eso, uno de los mecanismos más sencillos para controlar la ansiedad alimentaria es aportar suficiente cantidad de minerales (mediante la adición de agua de mar); porque el aporte justo de minerales hace funcionar a la perfección el mecanismo de aviso de saciedad, con lo que se asegura una reducción de la necesidad de comida. Eso nos ayuda a reducir la dieta sin sufrir hambre ni ansiedad”.

El agua de mar permite la limpieza del organismo por un mecanismo de arrastre de desechos, por una respuesta de efecto laxante.

Por eso el aporte de minerales del agua de mar tanto en la cocina como en forma de bebida, es un freno poderoso de la obesidad. “Además de renunciar totalmente a la sal ordinaria y reemplazarla por agua de mar, conviene sustituir el agua de beber: cambiar el agua dulce por isotónica; porque con ella el organismo va ganando minerales y al detectarlo el paladar, experimenta una menor sensación de hambre -sostuvo Rodríguez Zía- . Si no fuese así, es recomendable concentrar el agua isotónica que se bebe, a unos momentos antes de cada comida (entre 15 y 20 minutos), porque de este modo se consigue una agradable sensación de saciedad que nos permite reducir la dieta sin el menor sacrificio. La solución de los problemas de anorexia y bulimia mediante el agua de mar se rige por los mismos parámetros que la cura de la obesidad. Los minerales son la clave”.

Su uso como depurativo y regulador del sistema digestivo (desintoxicante, purgante, laxante) radica en que “el agua de mar permite la limpieza del organismo por un mecanismo de arrastre de desechos, por una respuesta de efecto laxante que se manifiesta a través de una diarrea, siendo ésta la primera expresión de depuración. He ahí un remedio excelente para el estreñimiento: ingerir agua de mar en un espacio de tiempo limitado. En este caso la cantidad es importante; pero siempre con prudencia (máximo medio litro de hipertónica, si no se logra evacuar)”.

Para las afecciones articulares, tipo reumatismo, artritis, artrosis, mialgias y fibromialgia, osteoporosis se recomendaron tradicionalmente en Europa las aguas termales mineromedicinales, tanto en baños como en ingesta. La Seguridad Social de varios países europeos prescribió y financió regularmente estos tratamientos.

 

Fuente: https://www.revista110.online/especialistas-aseguran-el-agua-de-mar-cura-la-hipertension-y-la-obesidad/

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Las propiedades del agua de mar: ¿beberla hace bien a la salud?

Investigadores de todo el mundo prestaron atención desde tiempos inmemoriales al contenido de los océanos. Hoy se sabe a ciencia cierta que contiene cerca de 100 minerales esenciales para la vida y hay quienes se animan a aventurar que bebida en determinadas dosis puede aliviar afecciones e incluso facilitar la pérdida de peso. Cómo tomarla.

Ya Hipócrates, padre de la medicina, había descrito los usos por vía externa del agua en afecciones
Ya Hipócrates, padre de la medicina, había descrito los usos por vía externa del agua en afecciones

Que darse baños de mar es bueno para la salud, ya se sabe. Así como también que los baños termales benefician el organismo y son especialmente recomendados para el alivio de determinadas patologías reumatológicas. Pero que beber el agua del mar puede mejorar la salud, facilitando inclusive la pérdida de peso, es una novedad absoluta, a pesar de que el estudio de las propiedades curativas del agua de los océanos ya había quitado el sueño a decenas de científicos desde tiempos inmemoriales.

Quienes profundizaron en el tema fueron las médicas María Alejandra Rodríguez Zía y María Teresa Ilari Valentí, y el licenciado Mariano Arnal, autores del libro El agua de mar, de Fundación Aquamaris. En esta obra, los especialistas explicaron por qué el agua del mar es uno de líquidos más completos del planeta, cómo se debe beber para lograr los efectos curativos y, por último, todas las afecciones que pueden ser tratadas con esta bebida: desde obesidad hasta hipertensión, pasando por gastritis, hemorroides, estreñimiento, asma, resfríos, acné, psoriasis, artrosis, fibromialgia y osteoporosis.

Se conoce del uso de agua de mar con fines medicinales desde tiempos remotos. Ya Hipócrates, padre de la medicina, describió su uso por vía externa en afecciones de la piel, y tratamiento del dolor. Luego, Avicena, Celso y Galeno explicaron las virtudes terapéuticas del mar y lo recomendaron para recuperar la salud perdida.

 Desde obesidad hasta hipertensión, pasando por gastritis, hemorroides, estreñimiento, asma, resfríos, acné, psoriasis, artrosis, fibromialgia y osteoporosis pueden tratarse con agua de mar

En el siglo XVI, el rey de Francia, Enrique III, recibió tratamientos marinos por consejo de su médico, que consideró los efectos benéficos de los baños marinos como “fortificantes, astringentes, antipiógenos”, entre otros. El primer libro sobre talasoterapia fue escrito en Oxford por el doctor Richard Russell en 1753, titulado El uso de agua de mar en las enfermedades de las glándulas. En él describe cómo las personas -y en especial los niños- que habitaban en los pueblos costeros tenían en general mejor salud que los del interior. Por eso recomendó los baños de mar e incluso la ingesta de agua marina, difundiéndose su uso en Gran Bretaña, Francia, Holanda y Alemania.

En 1896, René Quinton realizó los primeros experimentos del uso del agua de mar en perros, y en 1897 se aplicó por vía intravenosa y bajo supervisión hospitalaria a un enfermo terminal, que se recuperó totalmente. Quinton demostró en la práctica el poder curativo del agua de mar y salvó miles de vidas al administrársela a pacientes graves en los dispensarios marinos. Actualmente en algunos países como España, y cada vez más países de hispanoamérica, se propuso el uso culinario de agua de mar como complemento nutricional. En otros países como Japón, se desarrollaron múltiples emprendimientos en torno al agua de mar: entre ellos, su utilización en tratamientos médicos y como excipiente para la fabricación de productos farmacéuticos.

La diferencia con la sal de mesa

El término ‘sal común’ se aplica a la sal obtenida de las minas en la tierra y a la sal obtenida por desecación en las costas (Getty)

El término ‘sal común’ se aplica a la sal obtenida de las minas en la tierra y a la sal obtenida por desecación en las costas (Getty)

La médica especialista en Medicina Interna y directora de la Clínica Santo Domingo en Managua María Teresa Ilari Valentí, relató en el libro su valiosa experiencia sobre el uso terapéutico del agua de mar que se aplica en la Clínica Santo Domingo de los Padres Jesuitas de Managua desde 2003. Allí fueron capacitados unos 200 médicos y se brindaron más de 20 mil consultas con tratamiento a base de agua de mar. Según la médica, “el agua de los océanos está compuesta está compuesta en un 96,5% de agua (H2O) y un 3,5% de minerales que, evaporado el 96,5% de H2O, devienen sales”. Contiene además, cloro, sodio, magnesio, azufre, calcio, potasio, bromo, estroncio, flúor hierro, manganeso, cobre, sílice, yodo y fósforo, entre otros minerales.

 En algunos países como España, y cada vez más países de hispanoamérica, se propuso el uso culinario de agua de mar como complemento nutricional

“El término ‘sal común’ se aplica a la sal obtenida de las minas en la tierra y a la sal obtenida por desecación en las costas -señaló la médica-. Es necesario aclarar que esta sal, lavada, refinada y aditivada, no tiene nada que ver con el agua de mar cuyo sabor se debe a la combinación de todos los elementos antes mencionados, entre los que predomina por su sabor salado el ion sodio (Na), que en los océanos se encuentra disociado del cloro; son moléculas separadas”.

Cómo beber el agua de mar

El aprendizaje para beber agua de mar debe hacerse poco a poco. “Las formas de prepararla y beberla dependerán del fin terapéutico o nutricional que se persiga. La administración de agua de mar por vía oral puede tener estos dos formatos: isotónica o hipertónica”, explicaron los autores.

Y detallaron: “El agua de mar isotónica es el agua de mar que tiene igual salinidad que el cuerpo humano y se prepara con tres partes de agua potable y una de agua de mar en un litro. Puede utilizarse como agua de beber, o añadida a los jugos naturales y a las infusiones. En tanto el agua de mar hipertónica tiene un nivel o ‘tono’ de salinidad superior al nuestro. Corresponde al agua de mar pura, sin diluir y se utiliza como regulador del tránsito intestinal, purgante, digestivo, antes de las comidas para reducir el hambre y la ansiedad, como dentífrico o como enjuagues en la cavidad bucal, en la cocina para salar los alimentos y para tratamientos tópicos en forma de baño o apósitos”.

Aplicaciones curativas

El agua de mar demostró una eficacia superior en el tratamiento de afecciones articulares (iStock)

El agua de mar demostró una eficacia superior en el tratamiento de afecciones articulares (iStock)

Para las afecciones articulares, tipo reumatismo, artritis, artrosis, mialgias y fibromialgia, osteoporosis se recomendaron tradicionalmente en Europa las aguas termales mineromedicinales, tanto en baños como en ingesta. La Seguridad Social de varios países europeos prescribió y financió regularmente estos tratamientos.

“Obviamente el agua de mar, cuya composición mineral es la suma de todas las demás aguas mineromedicinales, demostró una eficacia superior en el tratamiento de estas patologías”, aseguró Ilari Valentí, quien enfatizó: “Del mismo modo que la sed no la determina únicamente la falta de agua, sino también la falta de minerales (de ahí el uso de las aguas isotónicas en el deporte y el de sueros isotónicos en los hospitales), así también en los mecanismos que regulan el nivel de saciedad, el equilibrio de minerales de la ingesta es determinante. Por eso, uno de los mecanismos más sencillos para controlar la ansiedad alimentaria es aportar suficiente cantidad de minerales (mediante la adición de agua de mar); porque el aporte justo de minerales hace funcionar a la perfección el mecanismo de aviso de saciedad, con lo que se asegura una reducción de la necesidad de comida. Eso nos ayuda a reducir la dieta sin sufrir hambre ni ansiedad”.

“Todo apunta, y cada vez con más determinación, a que la ingesta de agua de mar en las formas que mejor acepta y agradece nuestro paladar, puede ser una de las más potentes herramientas que nos ayuden a luchar contra la obesidad y contra la hipertensión y la diabetes que la acompañan”, aseguró en tanto la médica clínica y endocrinóloga María Alejandra Rodríguez Zía.

 El agua de mar permite la limpieza del organismo por un mecanismo de arrastre de desechos, por una respuesta de efecto laxante

Por eso el aporte de minerales del agua de mar tanto en la cocina como en forma de bebida, es un freno poderoso de la obesidad. “Además de renunciar totalmente a la sal ordinaria y reemplazarla por agua de mar, conviene sustituir el agua de beber: cambiar el agua dulce por isotónica; porque con ella el organismo va ganando minerales y al detectarlo el paladar, experimenta una menor sensación de hambre -sostuvo Rodríguez Zía- . Si no fuese así, es recomendable concentrar el agua isotónica que se bebe, a unos momentos antes de cada comida (entre 15 y 20 minutos), porque de este modo se consigue una agradable sensación de saciedad que nos permite reducir la dieta sin el menor sacrificio. La solución de los problemas de anorexia y bulimia mediante el agua de mar se rige por los mismos parámetros que la cura de la obesidad. Los minerales son la clave”.

Su uso como depurativo y regulador del sistema digestivo (desintoxicante, purgante, laxante) radica en que “el agua de mar permite la limpieza del organismo por un mecanismo de arrastre de desechos, por una respuesta de efecto laxante que se manifiesta a través de una diarrea, siendo ésta la primera expresión de depuración. He ahí un remedio excelente para el estreñimiento: ingerir agua de mar en un espacio de tiempo limitado. En este caso la cantidad es importante; pero siempre con prudencia (máximo medio litro de hipertónica, si no se logra evacuar)”.

El aprendizaje para beber agua de mar debe hacerse poco a poco (iStock)

El aprendizaje para beber agua de mar debe hacerse poco a poco (iStock)

En casos de asma bronquial, Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) y neumonía, “lo más indicado para estas afecciones es ir a la orilla del mar a respirar el agua nebulizada por las olas (la brisa marina). Pero al no ser siempre posible para todo el mundo recurrir a este remedio, la tecnología ayudó por medio de la creación de nebulizadores artificiales. Los hay por compresor y los hay por ultrasonidos, ambos muy asequibles”. “Si se está tratando con broncodilatadores por prescripción médica, el medicamento se puede disolver en esta agua de mar, en vez de hacerlo en la solución salina. Mantener el tratamiento al menos hasta una semana después de la total mejoría”, recomendaron los especialistas.

Para afecciones renales (oliguria o micción escasa, cálculos renales, infecciones de vías urinarias), la ingesta de agua de mar junto con abundantes líquidos, ayuda a la expulsión de cálculos y a la remisión de otras afecciones renales. “Debe haber un control adecuado de ingeridos y eliminados en el caso de oliguria por insuficiencia renal”.

 El agua de mar también puede usarse para cocinar los platos más diversos, desde sopas hasta guisos pasando por arroz, verduras y caldos

En la especialidad odontológica, el agua de mar es un auxiliar tan efectivo como las mejores pastas dentales y los mejores colutorios. Como prevención es suficiente lavarse los dientes con agua de mar hipertónica después de cada comida, y realizar enjuagues bucales también con agua de mar sin rebajar -según los expertos-. En caso de crisis (piorrea, gingivitis, inflamaciones, aftas e infecciones), el recurso es el enjuague oral con agua de mar hipertónica, repetido a lo largo del día tantas veces como sea necesario”.

El agua de mar en la cocina

El agua de mar también puede usarse para cocinar los platos más diversos, desde sopas hasta guisos pasando por arroz, verduras y caldos. Para hacerlo, se debe encontrar la proporción adecuada de agua dulce y agua de mar (tal como suele hacerse con la sal), puesto que ni todos tienen la misma necesidad de minerales ni por tanto el mismo paladar, ni todos los alimentos requieren la misma cantidad de sal.

“Se debe tantear la proporción de agua dulce y agua de mar, empezando por la forma isotónica: tres partes de agua dulce y una de agua de mar, y a partir de ahí ir variando según la demanda de nuestro paladar. Para fritos y asados, la forma de mineralizar es mediante marinado o maceración en agua de mar hipertónica (sin rebajar) durante varias horas, previas a la cocción. El tiempo de marinado dependerá también de la textura y grosor de cada alimento y de la demanda del paladar. Una fórmula interesante para salar barbacoas, asados y parrilladas, es ir echando un chorro muy suave de agua de mar a todo el contenido de la parrilla, y dando la vuelta a las piezas cuando ya están asadas. Se va evaporando el agua y quedan los minerales, lo cual le da un sabor muy singular, mucho más sano y sabroso que con sal ordinaria”, aseguraron en el libro.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/2019/02/12/las-propiedades-del-agua-de-mar-beberla-hace-bien-a-la-salud/

Nueva bebida con Vodka, Maní, Limón, Almíbar y… AGUA DE MAR!

“Vodka, maní, limón, ananá, almendras, almíbar y…. el trago tiene agua de mar”, completa Pablo Guidoni, barmanager de la franquicia de Negroni que funciona en el parador Paradise, de Pinamar. Él estuvo a cargo de esta creación, que hoy es una de las curiosidades del verano. “El trago se llama Beach Sour, todavía no lo tenemos en la carta pero, por el boca a boca y por recomendación nuestra, lo está probando un montón de gente”, asegura Guidoni.

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Para este cóctel se licúa el maní tostado con el vodka y luego se pasa a una botella que va directo al freezer. “El destilado, por tener más de un 40% de graduación alcohólica, no se congela. Por esto, solo se solidifica la materia grasa. Del recipiente se retira el vodka con sabor a maní sin sedimentos del fruto seco. La técnica, que hace mucho quiero utilizar, se llama Fat Wash”, explica el barmanager, que tiene en el bíceps del brazo derecho un tatuaje de una copa martini con dos rosas.

El trago con agua de mar que se vende en el bar Negroni de Pinamar. Foto: Andres D'Elia

El trago con agua de mar que se vende en el bar Negroni de Pinamar. Foto: Andres D’Elia

A la preparación se le agregan 25 mililitros de jugo de limón, ananá con perfume de almendras y azúcar rubia, y almíbar simple. “Al final, se suman unas gotitas de agua de mar que ayudan a realzar el maní y que aparecen en el final de la boca al tomarlo”, sigue Guidoni y aclara que “antes se la trata para esterilizarla”.

La otra noche de Pinamar: los de más de 35 ganan espacios para salir lejos del ruido de los jóvenes

“En un destino de playa quise optar por un trago fresco que es lo que la gente busca y aprovechar insumos regionales como la piña y el agua de mar. Ya es un éxito”, cierra.

 

FUENTE: https://www.clarin.com/sociedad/curiosidad-verano-trago-vodka-mani-limon-almibar-agua-mar_0_ZyIQvRiFL.html

La historia de Dorothea, la “sirena” de Pinamar: tiene 106 años y nada y bebe agua de mar cada día de su vida

Dorothea Duisberg es alemana y sobrevivió a las dos guerras mundiales. Llegó por primera vez a Pinamar en 1952 y nunca más se pudo ir: “Este mar es mi hermano”

Dorothea y el guardavidas Adrián Calabrese (Diego Medina)

Dorothea y el guardavidas Adrián Calabrese (Diego Medina)

La noche que Dorothea Duisberg llegó a Pinamar hacía frío, tanto que no había ni nubes y el cielo tenía impresas miles de estrellas fulgurantes. Corría el invierno de 1952, y en esa época del año Pinamar era un páramo hostil, un cúmulo de médanos y pinos en puja por el territorio, una idea arriesgada de sus fundadores. Dorothea llevaba cinco años en Argentina. Ella (en los refugios) y su marido Alfredo (en los campos de batalla) habían sobrevivido a las dos guerras mundiales. Dorothea necesitaba canalizar la añoranza de su Mar del Norte y el matrimonio llegó a este campo con mar sin luz ni calefacción a las 20.30 del día 26 de julio.

En el pasillo de la entrada, el recepcionista escuchaba atento una radio Spika. Dorothea y Alfredo apoyaron las maletas para saludar pero la escena se congeló con la voz metálica del locutor: “Cumple la Subsecretaría de Informaciones de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20.25 horas ha fallecido la señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación”.

Pasaron 66 años, es un mediodía de enero del año 2019, y Dorothea mira al cielo celeste intenso como si hubiera allí un ayuda memoria: “Había estrellas como loco, una noche tan linda como mejor no puede ser. Cuando sonó que falleció Eva, todas las estrellas se fueron y empezó a llover tres días y noches seguidas. Fue increíble”, evoca, en un español todavía extranjero, con los ojos protegidos por unos gruesos anteojos marrones de carey.

Y desde esas lluvias, nunca más esta mujer abandonó Pinamar. Volvió todos los años y se instaló definitivamente en 1990. Esta playa es su fuente de energía: el viento, el sol y sobre todo por el mar: “Mi hermano es el mar”.

(Diego Medina)

(Diego Medina)

A los 106 años, la mujer es una celebridad de la playa San Javier. Una sirena sin mitología, de carne y hueso, con su traje de baño azul y su gorro blanco y su acento germánico. Cada mañana pasa por la arena del brazo del guardavidas Adrián Calabrese y se disuelve en el agua salada del Atlántico hasta que al cabo de algunos minutos vuelve a la arena, quizá rejuvenecida.

Todos los días, todos los años, aunque llueva o haga frío, siempre al agua. No puedo vivir sin el mar, no me puedo ir de Pinamar”, dice sonriente, sentada bajo una sombrilla que hace juego con su vestimenta de playa. Cuando la fuerza de su cuerpo la acompañaba, Dorothea se metía cientos de metros al fondo y nadaba durante mucho rato.

Su pasión acuática llegó de chiquita. Bremen, su ciudad, no estaba muy lejos del misterioso Mar del Norte: “Íbamos a la costa todos los veranos también, con toda la familia, el agua era mucho mucho más fría que aquí y olas muy grandes. Y había mucha diferencia de marea, muy grande, aquí casi no se nota”.

Dorothea cumplirá en octubre 107 y tiene una vitalidad juvenil, atemporal. Ha visto lo bello y lo atroz de la vida. Sobrevivió a las bombas, las balas y las enfermedades de las dos guerras mundiales. Tiene dos hijos, cinco nietos y once bisnietos y dice que no tiene recetas ni secretos, que su mérito es “vivir y no pensar la edad que tengo”.

(Diego Medina)

(Diego Medina)

Pero aquí en esta playa muchos conocen parte de lo que ella misma termina por confesar: “Siempre bebo varios sorbos de agua de mar, todos los días”, ríe, con gestos de saber que lo que dice sorprenderá.

—Claro, hoy tomé bastante porque tenía un gusto muy rico hoy, ¡bien salado! Y cura todas las enfermedades, nunca nunca tengo que ir al médico ni tomar ningún remedio. En serio. La naturaleza cambió mucho mucho, la gente hace mucha macana con la naturaleza, porque antes había almejas, miles y miles en toda la playa, y las comíamos, y era tan sana y tan sabrosa. Ya no hay más, es una pena, esa era mi comida, las comía crudas, apenas las sacaba. También los berberechos, ya no hay más. Cambió muchísimo. Los jóvenes ahora ni conocen a estos animales. También había un montón de gaviotas. Le estamos haciendo mucho mal a la naturaleza.

—¿Todos los días bebe agua de mar?

—¡Claro! Un sorbito al menos.

—¿No le da sed? ¿No le da ganas de tomar agua dulce después?

—¡Nooo! ¡Esta es mucho más rica! El agua dulce no tiene gusto.

Dorothea y Alfredo se conocieron en Alemania al final de la Segunda Guerra. El hombre había vuelto a su país, pero vivía en Argentina desde 1931. Se enamoraron y en 1947 vinieron al país. Él trabajó en una empresa textil y luego compró un campo y vacas. Como nunca aprendió bien el idioma, ella se dedicó a criar a Pedro y a Irene y a jugar al golf, que lo practicaba desde los 12. Y Alfredo trabajaba.

(Diego Medina)

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De la Primera recuerda poco, su papá tuvo que combatir y cuenta que no volvió rápidamente, apenas terminada la Guerra, “porque los soldados estaban lejos y había incertidumbre de saber si estaba vivo”.

De la Segunda dice que fue brava: “Ah, la flauta. De 30 noches por mes, 27 teníamos que bajar al refugio. Y no una vez, dos, tres veces. Todas las noches, horas y horas. Y sin embargo, siempre conservamos el buen humor. Cuando el avión no aparecía una noche, en la ciudad se preguntaban dónde estaban los aviones, por qué no avisan que no vienen así podíamos quedarnos tranquilos y dormir un poco. Pero peor era la comida”.

—¿Qué comían?
—No había. Había cuatro huevos por año. Y pan, tan poco. Y un pedacito así de carne por mes. No había nada. Comíamos raíces, lo que se pudiera.

Ya sobrevivientes e instalados en Buenos Aires, oscilaron durante sus vacaciones entre Pinamar y Villa Gesell, pero ganó la primera porque tenía cancha de golf. Dorothea recuerda las largas charlas que ella tenía con Carlos Gesell, fundador de “la Villa”.

(Diego Medina)

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—Yo jugaba mucho golf, me gustaba, todas las tardes, los torneos, tenía muchas amigas. Y como en Gesell no había vinimos aquí. Allá había muchos alemanes. Y yo le insistía a Carlos Gesell para hacer una cancha de golf, y teníamos mi marido y yo una lucha con él porque no quería entregar un terreno tan grande. Él decía que para jugar fútbol necesitaba un pedacito de tierra, pero para el golf, 50 hectáreas. Y no quería. Y luchamos y fuimos muchas veces a verlo en la noche para convencerlo. Le dijimos que todos los terrenos se podían vender alrededor para hacer casas lindas y con gente deportista. Pero él no quería. Ni sacar un árbol quería. Su lucha era muy fuerte para forestar. Trajo hasta gente del Sahara porque había liebres que comían los plantines de pino.

—¿Cómo era Carlos Gesell?

—Muy, muy duro. Muy duro. Pero simpático. Él sabía lo que quería hacer. Luchó muchísimo para empezar con VIlla Gesell. La segunda mujer de él vino una noche a la reunión que armábamos y ella dijo “lógicamente hay que hacer una cancha de golf”, y preguntó qué terreno queríamos. Y nosotros le dijimos y Carlos dijo que no, que allá iba a hacer el cementerio, jaja. Cualquier cosa para no poner el golf. Ni un pino podíamos sacar, ni uno. Pero necesitábamos lugar.

—¿Qué es lo que más le gusta de Pinamar?
—Mira, había una tranquilidad aquí tan linda, todo normal, muy agradable, familias. La lucha que teníamos porque no había luz, ni gas, no había nada, nada. No había asfalto, había sulkis, caballos, era todo barro cuando llovía. Y muchos médanos.

—¿Qué época le gusta más?
—No se pueden comparar, era completamente diferente. Ahora no me gustan los rascacielos que hay. Y hay muchos pozos en las calles cuando llueve. Pinamar era muy muy lindo, había terrenos grandes y bien cuidados. Ahora vendieron muchos terrenos muy chiquitos allá al norte y hay una casa al lado de la otra, y tienen tan poco jardín que en verano se juntan en los asados. Y miran y escuchan todo lo que hablan. Aquí todos los terrenos tenían que ser grandes. Y tengo suerte que el mío es así y no escucho casi nada.

(Diego Medina)

(Diego Medina)

Dorothea disfruta de Pinamar desde que “era todo playa, playa, y médanos, y no había carpas ni sombrillas”. Pero se instaló en 1990. Y aquí vive seis meses. El resto del año lo pasa, mitad en Suiza (durante el verano boreal) y mitad en Chile, donde viven sus hijos. “Siempre busco el calorcito”, sonríe.

Su casa está a 200 metros de la playa, quizá más lejos no pueda vivir una sirena. Está sobre un médano, rodeada de arbustos y árboles, que le indican, según explica, cómo va a estar ese día el mar. “Yo los veo moverse por el viento y sé si hay olas”, explica.

Mientras charla con Infobae, reparte la mirada entre los ojos del periodista, los de su nuera Ruth, que le recuerda algunas palabras en español que ella trae en el idioma de su Patria, y la suave ondulación del mar, esta vez calmo.

Dorothea está preocupada por el cambio del clima. “Este verano viene malo, viento muy frío, nunca estuvo tan mal. Antes empezábamos a nadar el 12 de octubre y después el 15 de noviembre, todos los días, no para mojarme los pies, ¡adentro! Este año recién en Navidad. Antes hasta el 15 de abril podíamos bañarnos todos los días. Y ahora 15 de marzo y chau, no más. Se está achicando el verano”.

(Diego Medina)

(Diego Medina)

—Pero este mar siempre es frío.

—La temperatura está bárbara. Esta playa es una de las mejores que yo conozco. No hay piedras, ni rocas, ni algas, nada. Es todo plano, se puede ir despacito hasta adentro, no hay pozos grandes que te hundan. Para mí es lindísima— exclama, y estira uno de sus brazos hacia la vastedad.

Dorothea no usa protector solar excepto en la nariz, y dice que no se cuida para mantenerse tan saludable. “No tengo secretos, ¡es mi vida! Yo como lo que me gusta y nada más. Y cosas tontas no, mucha grasa no como. Mucha fruta sí, mucho café y muuuucha sal. En serio. Mucha. Como sal y pongo más sal. ¡Eso es muy sano!“.

(Diego Medina)

(Diego Medina)

—¿Vive su edad como algo normal?

—Es normal. No hay que pensar que soy vieja, estoy como estoy y hago lo que puedo. Si hago poco estoy peor. Hago mucho y sola y estoy mejor. Ir al mar sola me cuesta porque ya no tengo equilibrio. Demoro mucho y algunos me quieren ayudar pero tengo que hacerlo sola. Cuanto más me ayudan menos puedo hacer.

En efecto, durante seis meses Dorothea vive sola en su casa sobre el médano, y manda mails a sus hijos y a sus nietos, y hasta hace muy poco manejaba su auto. “Aprendí a usar la computadora a los 90, cuando todos cierran los ojos”, ríe y cambia bruscamente de tema, como si necesitara evocar el agua, como si su piel se resecara de golpe.

“Siempre me gustó el agua y nadar. Y más en el mar, por las olas”, reflexiona con un tono de voz susurrante. Y hace silencio, como si buceara en su interior, hasta que vuelve a la superficie, por una bocanada de aire y, en este caso, de palabras, o de sensaciones: “El mar es mi vida, es mi hermano. No las montañas, que están allá, todos los días iguales. El mar en media hora cambia. Hoy está hermoso, pero a la mañana era diferente”.

Fuente: https://www.infobae.com/sociedad/2019/01/14/la-historia-de-dorothea-la-sirena-de-pinamar-tiene-106-anos-y-nada-y-bebe-agua-de-mar-cada-dia-de-su-vida/?

¡Otra marca más!, como bebida isotónica Agua de Mar, desde Galicia

Cómo beberse lo mejor del Atlántico

Comparten pasión por el deporte y un sueño: triunfar en el mercado con una bebida isotónica con agua de mar

ROSA ESTÉVEZ 
VILAGARCÍA / LA VOZ 

Los gallegos sabemos, desde siempre, que el mar se come. De hecho, nos encanta devorar las exquisiteces que de él salen. Y cuanto mayor sea su sabor a océano, a olas, a rocas batidas, mejor. Sin embargo, la idea de bebernos el mar puede resultarnos un tanto estrambótica. ¿Beberse el mar? ¿Pero no era malo tomar agua salada? Pues bien, prepárense para desmontar el mito. Porque con la protección de Artio, la diosa celta que da nombre, ha nacido una empresa que pretende utilizar nuestro mar para calmar la sed y las necesidades de hidratación de los deportistas y, también, de quienes no lo son. Pero vayamos por partes.

Fue en la cabeza de Pablo Dosil, un físico natural de Noia, aunque afincado en Vilagarcía, donde un día surgió la idea de crear una bebida isotónica a partir de agua de mar. Él se sacude el mérito. Por una parte, dice, porque la idea no es tan nueva como pueda parecer. Por la otra, porque sin el apoyo de otros, como su socio Juan Ramón Martínez, el proyecto podría no haber despegado.

La historia de Pablo empieza en la playa de Carnota, donde un buen día Iván Raña se metió en el mar, nadó varios metros, se zambulló y volvió a tierra con una garrafa llena de agua de mar. El deportista confesó a quien lo acompañaba que el contenido de aquel recipiente era el ingrediente básico del brebaje que tomaba para rehidratarse: agua de mar mezclada con agua dulce y zumo de limón. Y no se crean que Raña es el único que compone su pócima con agua de mar. «Observamos que a maioría dos deportistas de elite a utilizan». Entre ellos, unos buenos colaboradores de la joven empresa, los triatletas Antón y Iago Ruanova.

Una vez planteada la pregunta, ya no hubo marcha atrás: la idea había echado raíces; el proyecto no podía hacer más que crecer. Y así ocurrió: hace cuatro años que las cabezas están en marcha, que la iniciativa coge forma, coge cuerpo. Y coge sabor. «Hai tres anos e medio fixemos unha proba de mercado que nos puxo no sitio. O produto era funcional, pero o seu sabor non era agradable», recuerdan los creadores de esta bebida. Así que han dedicado mucho tiempo a mejorar el sabor, buscando las proporciones perfectas entre el agua de mar, el agua dulce y los zumos de frutas.

Parecen haber logrado su objetivo. Fernando Rascado, el último en sumarse al proyecto, bromea sobre ello. «Cada vez que chego á oficina acabo con media producción».

En mayo de este año, la bebida fue presentada oficialmente en el Gran Premio Triatlón de A Pobra. La pócima, en la que el agua de manantial se mezcla con la marina en una relación de 80 a 20, «gustou moito». ¿Y si le gusta a los deportistas, por qué no le va a gustar al resto del mundo? Aunque sin abandonar su principal línea de trabajo, Artio Atlantic Isotonic sueña ya con una versión «de terraza», en la que la dosis de agua salada bajará al 10 %.

En estos momentos, el proyecto atraviesa una etapa apasionante. Sin desatender su producto, hay que hablar de diseño, de proveedores, de distribución, de envases… Y es que quieren que Artio salga a la venta en varios formatos: la bebida ya formulada, aderezada con zumos naturales que dulcifiquen su sabor; o bien la base perfecta de agua dulce y salada para que los deportistas puedan, sobre ella, pintar cada uno su particular receta. Dejemos a los creadores creando y disfrutando del sabor salado del talento.

Fuente: https://www.lavozdegalicia.es/noticia/arousa/vilagarcia-de-arousa/2018/11/25/beberse-mejor-atlantico/0003_201811A25C5991.htm

“Los Beneficios del Agua de Mar” en la Feria Alimentación y Salud, por Miguel Celades

Beneficios del Agua de Mar, por Miguel Celades PARTE 1 de 2 en la 11ª Feria Alimentación y Salud que tuvo lugar en Balaguer (Lleida) el 27 y 28 de Octubre 2018.

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