Para los que no se creen la conspiración alimentaria: La industria de EE.UU. ocultó en los 70 los perjuicios del azúcar para la salud

Sociedad / estados unidos

La industria de EE.UU. ocultó en los 70 los perjuicios del azúcar para la salud

Día 11/03/2015 – 09.46h

Influyó en los programas públicos para que la política sanitaria no fuera reducir consumo sino reducir el impacto

La industria de EE.UU. ocultó en los 70 los perjuicios del azúcar para la salud

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La industria azucarera internacional conocía desde 1950 los efectos nocivos que el azúcar tiene en la salud dental, pero influyó decisivamente para que los programas públicos de salud no promovieran la reducción del consumo de ese producto, sino que investigaran soluciones científicas para contrarrestar esos efectos.

Así se desprende de un conjunto de documentos de entre 1959 y 1971, básicamente correspondencia interna de una treintena de empresas del sector asociadas, que ahora han sido analizados por varios investigadores de la Universidad de California San Francisco. El estudio analiza sobre todo la complicidad histórica entre el lobby de EE.UU. del azúcar y el programa contra la caries lanzado por la Administración estadounidense en el año 1971.

«Fueron tácticas llamativamente similares a las que hemos visto en la industria del tabaco en la misma era», afirma Stanton Glantz, uno de los tres firmantes del estudio publicado recientemente en la revista científica PLOS Medicine.

Las acusaciones realizadas en su día contra las grandes tabacaleras de haber conocido desde hacía años las dañinas consecuencias del tabaco llevaron a indemnizaciones millonarias en la década de 1990 a personas que desarrollaron cáncer y otras enfermedades debido al hábito de fumar. Aquellos acuerdos judiciales de las tabacaleras con cada uno de los estados de EE.UU. y con el Departamento de Justicia estadounidense fueron todo un hito sobre el precio a pagar por ocultación de efectos nocivos. La nueva revelación también podría desembocar en demandas.

«Nuestros hallazgos son un despertador para los responsables gubernamentales encargados de proteger la salud pública y para las entidades activistas en favor de ella, de modo que entiendan que el sector del azúcar, como el del tabaco, busca proteger sus beneficios frente a esa salud pública», dice Glantz en el artículo de PLOS Medicine.

La investigación analiza 319 documentos –un total de 1.551 páginas– que pertenecieron a Roger Adams, un profesor emérito de química orgánica que trabajó para la Sugar Research Foundation y también asesoró a la International Sugar Research Foundation. A su muerte los llamados «papeles de Adams» pasaron como legado a la Universidad de Illinois y ahora han sido investigados.

Fomentó planes de salud

De acuerdo con toda esa documentación, al menos ya en 1950 estaba asentado internamente que la ingesta de azúcar podía provocar caries. Pero en lugar de promover políticas públicas que llevaron a una reducción del consumo, dirigidas a la población en general o concentrada en algún grupo de edad, como es el caso de niños y adolescentes, la industria azucarera fomentó que los planes de salud se dirigieran a limitar el impacto. Así, se aportaron fondos para investigación sobre enzimas que rompen la placa dental y para el desarrollo de una vacuna contra la caries.

Durante las décadas de 1960 y 1970, la Sugar Research Foundation estrechó su relación con el National Institute of Dental Research de Estados Unidos, sobre cuyas políticas influyó decisivamente. En 1969 ese instituto estatal indicó que aunque concentrarse en la disminución del consumo de azúcar era «teóricamente posible», no era un planteamiento práctico como medida de salud pública. En 1971 llegó a incorporar en sus recomendaciones para el Programa Nacional contra la Caries hasta el 78 por ciento del contenido del informe aportado por la fundación patronal.

Según Cristin Keams, otro de los tres autores que han analizado los «papeles de Adams», «la comunidad dental siempre ha sabido que prevenir la caries requiere restringir la toma deazúcar. Es decepcionante darse cuenta de que las políticas que hoy estamos debatiendo podían haberse implantado hace más de cuarenta años».

Los autores también advierten que la actual posición del sector sigue siendo que los asuntos de salud pública relacionados con el azúcar deberían concentrarse en el uso de pasta dentrífica de fluoruro, empastes y otras maneras de reducir la afectación sobre el diente, en lugar de limitar el consumo.

Como recomendación apuntan que no se permita a las compañías azucareras que bloqueen iniciativas que se están adoptando internacionalmente, como la promovida por la Organización Mundial de la Salud, que aconseja reducir el azúcar a menos del 10 por ciento de la toma diaria de calorías.

Para Laura Schmidt, autora también del estudio, «existe una clara evidencia que ahora vincula el exceso en el consumo de azúcar con enfermedades cardiacas, diabetes y dolencias que afectan al hígado, además de la caries». «Los tiempos claramente han cambiado, pero todo esto nos aporta una gran lección sobre lo que ocurre si no somos cuidadosos en mantener la integridad científica», dijo sobre la connivencia histórica vista entre el sector productor de azúcar y los responsables de salud de Estados Unidos.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU. estiman que más de la mitad de los niños y adolescentes estadounidenses tiene cavidades en sus dientes adultos, y que el 15,6 por ciento de quienes tienen entre 6 y 19 años tienen caries que no son tratadas y que pueden conducir a la pérdida de dientes, infecciones y abscesos.

Fuente: http://www.abc.es/sociedad/20150310/abci-azucar-caries-estados-unidos-201503101840.html

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El engaño de la sal yodada

19 marcas de sal de consumo no cumplen la normativa obligatoria de contenido en yodo. Este fraude en la comercialización de la sal yodada lo ha corroborado la Secretaría General de Consumo de la Consejería de Administración Local y Relaciones Institucionales de la Junta de Andalucía, tras analizar 22 muestras de 19 marcas comerciales a raíz de la denuncia de una empresa. Los análisis determinan que no alcanzan los 60 miligramos por kilo de sal, cantidad establecida por la Dirección General de Salud Pública, llegando a detectarse incluso el caso de una muestra en la que no había ni un miligramo de yodo.

El yodo es esencial en la dieta, de manera que un engaño de este tipo tiene consecuencias en los consumidores, que creen que están incluyendo un elemento básico en su alimentación sin que sea así, aunque la etiqueta de las marcas de sal pongan “sal yodada”.

El yodo ayuda al organismo a producir tiroxina, una hormona imprescindible para la vida, y se establece que el consumo ideal es de 130 microgramos de yodo en hombres, 100 en mujeres y 225 en embarazadas, ya que en el periodo de gestación el yodo previene la aparición de enfermedades y problemas en el feto. Una cucharadita de sal yodada (real) aporta 180 microgramos de yodo. Su consumo en exceso no es problemático, porque se excreta por la orina, pero su déficit sí puede ocasionar problemas graves de salud.

¿Por qué hay que añadirle yodo a la sal, si es un elemento que ya contiene la sal marina? Para responder a esa pregunta hay que remitirse al modo en que se produce la sal. La extracción industrial se lleva a cabo con retroexcavadoras, que sumergen la pala en los cristalizadores y sacan la sal, pero también lodo e impurezas. El proceso de limpieza industrial para eliminar esas impurezas se lleva por delante también el yodo y otra serie de oligoelementos que tiene la sal marina pura. El resultado es cloruro sódico al 99%. Ese déficit de oligoelementos hizo que la Organización Mundial de la Salud estableciera la obligatoriedad de añadir flúor y yodo a esa sal industrial para, al menos imitar, a la sal natural. El resultado: “Sal yodada”, que de natural tiene muy poco.

Pero no toda la sal que se comercializa es industrial. Todavía persisten salinas artesanales en las que la extracción se hace al igual que en tiempos fenicios: se extrae con una vara especial y se lava con agua marina y, sobre todo, no se refina. Su proporción de cloruro sódico es sensiblemente inferior a la del proceso industrial: un 94%. Se mantienen así todos los oligoelementos naturales que hacen de la sal un alimento esencial para la vida.

Es precisamente eso lo que hace de la sal artesanal un producto de reconocida calidad, como sucede en Francia, donde desde 1991 se distingue la sal artesanal con un sello de calidad: la Etiqueta Roja. No en vano, el país galo es uno de los grandes productores de sal artesanal del mundo, con más 500 toneladas anuales. España, que a priori cuenta con mayores recursos para producir este tipo de sal apenas alcanza las 100 toneladas. Si se recuperaran las salinas tradicionales se podrían producir hasta 5.000 toneladas, apuntan los expertos, y además con poca inversión para su puesta en marcha, ya que parte de esas infraestructuras están ya construidas: vueltas de afuera, esteros, compuertas, saleros, tajos…, que sólo habría que restaurar, como apuntan desde la el Fondo para la Custodia y Recuperación de la Marisma Salinera (Salarte), creada para recuperar una salina emblemática de Puerto Real (Cádiz), la salina de la Covacha.

La recuperación de las salinas va mucho más allá de lo meramente alimenticio, se trata de un valor cultural y ambiental, ya que muchas de las salinas artesanales se encuentran son ZEPAS (Zonas de Especial Protección para las Aves), bajo la Directiva Hábitat, son LIC (Lugares de Interés Comunitario), están en parques naturales o son zonas RAMSAR. Así, en las salinas que se han restaurado se han recuperado especies como el charrancito, la avoceta o la cigüeñuela. Su ubicación estratégica las convierte además en un lugar estratégico para el descanso, invernada y hasta nidificación de otros habitantes de la salina.

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El retraso que tenemos respecto a otros países en la producción de esta materia prima alimenticia tiene que ver con la normativa que ha sufrido la producción artesanal de sal. Hasta 2011 se exigía un porcentaje del 97% de cloruro sódico puro en la sal, lo que impedía que se pudiese vender la sal artesanal. Así que las pocas producciones artesanales españolas sobrevivían vendiendo esta sal natural a granel a productores de Francia, que la envasaban, etiquetaban y vendían como producto gourmet de marca francesa. El Real Decreto 1634 de 2011 rebajó ese porcentaje, permitiendo así a los salineros españoles comercializar ya su propia sal artesanal y la flor de sal.

Hasta ahora, en España, lejos aún de ser los primeros productores de una sal natural de calidad, nos hemos acostumbrado además a consumir la sal industrial, la yodada. Y eso, en el menos malo de los casos, porque la estafa de la sal sin yodo arrancó hace 2 años y todavía no se han tomado medidas contundentes.

Fuente: http://www.huffingtonpost.es/ricardo-gamaza/el-fraude-de-la-sal_b_5927306.html