Descubren un océano a 644 km por debajo de la superficie de nuestro planeta

Tras discutir y teorizar durante décadas, los científicos informan que, finalmente, han descubierto un gran océano en el interior del manto de la tierra de un tamaño tal que podría llenar tres veces los océanos que conocemos.

Este increíble descubrimiento sugiere que el agua de la superficie del planeta proviene del interior del planeta como parte de un ciclo integral del agua, desplazando la teoría dominante de que el agua llegó a la Tierra traída por los cometas de hielo que pasaron por aquí hace millones de años.

Cada vez más, los científicos están aprendiendo acerca de la composición de nuestro planeta entendiendo que los sucesos relacionados con el cambio climático, el tiempo y el mar están estrechamente relacionados con la actividad tectónica que vibra de forma contínua bajo nuestros pies.

Así los investigadores creen que el agua de la Tierra pudo haber llegado desde el interior del planeta siendo “empujada” hasta la superficie por mediación a la actividad geológica.

La revista Nature publica un artículo que afirma que los investigadores encontraron un pequeño diamante que apunta a la existencia de un gran depósito de agua bajo el manto de la Tierra, a unos 600 kilómetros de profundidad.

El autor principal de este estudio, Graham Pearson, miembro de la Universidad de Alberta, Canadá, dijo que “una de las razones por qué la Tierra es un planeta dinámico, es la presencia de agua en el interior. Los cambios de agua dependen de la forma en que funciona el mundo.”

Tras haber realizado numerosos estudios y cálculos complejos para comprobar sus teorías, los investigadores creen haber encontrado una gigantesca piscina de agua en una zona de transición entre las capas superiores e inferiores del manto, una región que se encuentra en algún lugar entre los 400 y 660 km. por debajo de la superficie terrestre.

Fuente: http://diarioecologia.com/descubren-un-oceano-a-644-km-por-debajo-de-la-superficie-de-nuestro-planeta

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Medusas venenosas del tamaño de cinco autobuses ‘acechan’ el Reino Unido

La carabela portuguesa (‘Physalia physalis’), con filamentos de una longitud equivalente a cinco autobuses, cada vez está más cerca de las costas británicas, algo que provoca temores de su posible invasión entre los conservacionistas.

La medusa venenosa puede alcanzar los 49 metros de longitud y sus picaduras pueden ser mortales. La especie normalmente vive en altamar, pero los expertos de la Sociedad de Conservación Marina (MCS, por sus siglas en inglés) afirman que este año han registrado un aumento de avisos de la aparición del animal cerca de la costa del país, informa el diario‘Daily Mail’.

El director del programa de la Biodiversidad y Pesca de la MCS, Peter Richardson, informó de que en julio recibieron más de 1.000 informes sobre la medusa, y añadió que este agosto puede establecer un nuevo ‘récord’, ya que es el mes en el que normalmente se registran más avistamientos de medusas. Los especialistas desconocen la causa de la abundancia de estas medusas cerca de las costas, pero Ferdinando Boero, profesor de biología marina de la Universidad de Salento, Italia, sugiere que el calentamiento global puede ser una de las razones del mismo.

Fuente: http://actualidad.rt.com/actualidad/183653-medusas-venenosas-reino-unido

Cómo beber agua de mar con seguridad

¿Dónde se consigue agua de mar para beber?, ¿directamente en el mar? Si se recoge en el mar, ¿cómo tratarla antes de consumirla con total seguridad?

A falta de una investigación más general y exhaustiva sobre el agua de mar consumida tal y como la encontramos en el mar, resulta difícil e incluso polémico dar una pauta válida sobre cómo beberla de forma segura.

La información que sigue no pretende ser una recomendación sino sobre todo una muestra informativa de todas las posibilidades que tenemos para beber agua de mar como complemento para la salud: desde la más sencilla y barata, que consiste en recogerla directamente del mar, a la más sofisticada, que es comprarla envasada con todas las garantías de la farmacopea actual.

En realidad, tenemos tres opciones para beber agua de mar, pero elegir una u otra será una decisión meditada, responsable y dependerá de cuántos filtros de seguridad estemos dispuestos a pasar y… a pagar.

Para algunos expertos, el agua de mar, antes de ser ingerida, debe pasar análisis y filtros de seguridad que garanticen que está libre de cualquier organismo patógeno, sean bacterias o virus, o metales pesados y sustancias químicas contaminantes. De esta forma, se obtiene una bebida cien por cien segura para el consumo.

Sin embargo, algunos defensores a ultranza de beber agua recogida del mar sin más intermediarios aconsejan autoabastecerse directamente del mar, una despensa medicinal extensa, al alcance de muchísima gente y sin necesidad de desembolsar dinero alguno.

Opción 1. Recogerla directamente del mar y sin filtrar

Para ello, los expertos en esta terapia recomiendan buscar un lugar de la costa lo más alejado posible de las ciudades, con preferencia en mar abierto y con costa rocosa, y llenar una garrafa que podemos guardar en casa a temperatura ambiente y alejada de la luz solar intensa y el calor.

Hay que tomar la precaución de alejarse de zonas de vertidos y desagües, buscar un día en que el mar no esté muy removido y prestar mucha atención a las banderas que las autoridades colocan en las playas para avisar de riesgos para los bañistas, porque eso informa de que, si ondea la bandera verde, al menos eso asegura que el ayuntamiento ha realizado los análisis pertinentes, el agua es segura para el baño y está libre de patógenos peligrosos para la salud.

Hallado un lugar que consideremos seguro y alejado de posibles desagües, se procede a internarse con una garrafa grande y tapada y nos adentramos hasta que el agua cubra al menos por los hombros, se sumerge el recipiente o garrafa hasta medio metro de profundidad, se destapa y, una vez lleno, se vuelve a tapar. Es importante tomar la precaución de no tomar agua de la superficie del mar, ya que es fácil que haya gasolina de las embarcaciones en la superficie. Si no se tiene oportunidad de obtenerla de otra forma, esta es al menos la mejor que se puede conseguir, como explica la Fundación Aqua Maris, una entidad que tiene el objetivo de informar sobre las virtudes del agua de mar como complemento para la salud.

Con el agua marina pura, una vez en casa, se realiza el proceso de isotonizarla, es decir, diluirla con agua de manantial de baja mineralización hasta conseguir la salinidad de organismo humano, la que tienen por ejemplo las lágrimas o el plasma sanguíneo (se explica en Agua de mar, medicina social).

Opción 2: Recoger agua directamente del mar, en un lugar limpio y alejado de desagües, y filtrarla en casa

Si existe el temor de infectarnos con microorganimos patógenos que se hallen presentes en el mar, lo mejor es filtrarla en casa. Se puede proceder como con cualquier agua potable de la pudiéramos sospechar que está contaminada: o bien se puede hervir durante al menos diez minutos y envasarla en un recipiente limpio o incluso esterilizado y después se tapa; o bien se esteriliza con algún producto químico de los que se comercializan en tiendas especializadas; el proceso dependerá del producto, pero en general se requiere entre una hora y una hora y media.

Estos son los métodos más habituales en países desarrollados, donde es fácil adquirir productos desinfectantes y donde todo el mundo dispone de fuentes de energía para calentar agua y llevarla a ebullición.

Wílmer Soler, bioquímico, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia (Colombia) y experto también en la terapia con agua marina, explica que los métodos de desinfección habituales son la radiación UV, con antibióticos, con ozono, por ebullición, con cloro y por microfiltración. El sistema más sencillo es el de la desinfección solar o sodis, un método de tratamiento del agua a escala doméstica que se ha investigado para implementar en países en desarrollo, donde se ha conseguido atajar así hasta el 84 por ciento de las enfermedades infecciosas: se utilizan botellas de plástico transparentes, elaboradas con terephtalato de polietileno (PET) porque ofrecen muy bajo riesgo de contaminación química del agua y se exponen al sol directo (el fundamento químico del método consiste en la generación de radicales libres del oxígeno con acción microbicida por efecto de la radiación ultravioleta UVA sobre el oxígeno, en las condiciones de temperatura propias de esta exposición solar).

Otro sistema es la filtración natural de la arena. La Fundación Aqua Maris, situada en Badalona (Barcelona), dispone de un pozo de agua marina que se depura de forma natural gracias al cuarzo de las arenas subterráneas. De este pozo, surten a sus socios.

Opción 3: Comprar el agua de mar envasada

Aunque poco conocidas aún, en el mercado europeo existen algunas marcas que la comercializan para su consumo como completemento nutritivo. Es el caso de las ampollas de agua de mar oceánica total de los Laboratorios Quinton, que venden en farmacias y tiendas especializadas en salud. Se comercializan en cajas de 24 ampollas de 10 mililitros y en la fórmula hipertónica e isotónica, además de vaporizadores y otros productos.

En el caso de esta empresa española, situada en Alicante, el agua oceánica se recoge en el vórtex situado en el golfo de Vizcaya (una zona rica en fitoplacton y zooplacton) y, tras un proceso de microfiltrado en frío, se inicia el envasado de las diferentes especialidades.

Todo el proceso de elaboración y envasado del agua de esta empresa se realiza –aseguran los responsables de este laboratorio– según el protocolo original del investigador francés y tiene lugar en su instalación situada en Alicante.

También en farmacias y tiendas de dietética, se puede encontrar botellas de 75 cl de agua de mar del Atlántico envasada por la empresa alemana Biomaris. Obviamente, toda la seguridad que aporta saber que el agua ha sido analizada según estándares farmacéuticos tiene un precio, en estos casos, muy elevado.

Una alternativa son las botellas de agua de mar para cocinar, de la que ya hay varias marcas en el mercado.

Fuente: http://www.elcorreodelsol.com/articulo/como-beber-agua-de-mar-con-seguridad

El mar Mediterráneo se volvió a llenar de agua en unos dos años

Hace cerca de seis millones de años el mar Mediterráneo quedó aislado del resto de océanos del mundo y por evaporación se secó casi por completo. El fenómeno dio lugar a la formación de enormes depósitos de sal. A este episodio se le conoce como Crisis de Salinidad del Mesianense.

Pero la conexión entre el Atlántico y el Mediterráneo se restableció de nuevo hace poco más de cinco millones de años por causas que aún no están claras. Pudo deberse a una subida general del nivel de mar, a movimientos tectónicos o a una combinación de ambas.

Como consecuencia, el Mediterráneo se llenó de nuevo en un proceso conocido como la inundación Zancliense. Se ha pensado que esta inundación fue un proceso lento, de miles de años de duración, pero recientes simulaciones por ordenador realizadas en la Universidad de Sevilla (US), en España, muestran que fue una inundación tremendamente rápida, de proporciones catastróficas, que llevó al llenado del mar Mediterráneo en unos dos años.

En un nuevo trabajo publicado en Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology los expertos detallan cómo se produjo este fenómeno catastrófico a través de simulación numérica de dinámica de fluidos. Aunque existían algunos trabajos previos con modelos conceptuales o de dimensión cero, en el presente estudio se resuelve por primera vez la compleja hidrodinámica tridimensional del proceso.

Los resultados revelan que lo que comenzó siendo una corriente modesta de agua fue aumentando muy rápidamente con el tiempo debido a la erosión del terreno, pues se produjo un efecto de retroalimentación.

“Por lo que hoy es el mar de Alborán discurría una enorme corriente de agua procedente del Atlántico a más de 100 km por hora”, explica el catedrático de la US, José María Abril, quien añade que el caudal era de unos 100 millones de metros cúbicos por segundo (500 veces más grande que el del Amazonas).

 

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Vista tridimensional del mar de Alborán con el nivel del agua después de 15 días de inundación. (Imagen: US)

 

Por su parte, el profesor Raúl Periáñez confirma que el nivel del mar en el Mediterráneo subía a una tasa de unos siete metros cada día y se llenó por completo en unos dos años. A medida que creció la profundidad del canal en la zona oriental del estrecho, la zona de aguas más someras del umbral de Camarinal pasó a tomar el control del flujo.

Estos expertos del grupo de investigación del departamento de Física Aplicada I de la US han publicado recientemente en Journal of Marine Systems otros dos trabajos en los que, a través de la simulación numérica, explican también la propagación de tsunamis en el antiguo golfo de Tartessos y los tsunamis en el Mediterráneo oriental.

Se centran en concreto en una secuencia de tsunamis producida por la explosión de Santorini, como un escenario potencial para explicar el episodio de la “apertura del mar” en el Éxodo bíblico. (Fuente: Universidad de Sevilla)

Fuente: http://noticiasdelaciencia.com/not/13846/el-mar-mediterraneo-se-volvio-a-llenar-de-agua-en-unos-dos-anos/es/

En el mar hay unos 400 billones de euros en oro a valores actuales

El oro de los mares

 Por Rodolfo Petriz

El oro. Ubicado en el grupo 11 de la tabla periódica y con el número atómico 79, mientras que su sola mención hace brillar las pupilas de los codiciosos, la utilización adjetivada de su nombre –áureo– remite a la perfección, a la pureza y a la belleza.

Excavaciones arqueológicas realizadas en los Balcanes indican que el oro comenzó a usarse ya en el cuarto milenio antes de Cristo para fabricar artesanías y joyas. Posteriormente, gracias a su relativa escasez en la naturaleza y a presentar una gran estabilidad química que lo vuelve especialmente resistente a la corrosión, comenzó a utilizarse como medida de cambio. Las primeras monedas de que existe registro fehaciente fueron acuñadas en una aleación natural de oro y plata en Asia Menor durante el siglo VII antes de Cristo.

Ese fue el inicio de un derrotero que llevaría al oro a convertirse en la base del sistema financiero internacional durante el siglo XIX con la implantación del patrón oro, sistema que asigna el valor de la unidad monetaria en función de una determinada cantidad de ese metal. Aunque a partir de la Segunda Guerra Mundial y tras los acuerdos de Bretton Woods el dólar comenzó a reemplazarlo como base del sistema monetario internacional, el oro aún sigue siendo un resguardo para inversores y capitales especulativos.

Pero el oro no es sólo material para joyas o refugio de acaparadores. Su alta conductividad eléctrica, resistencia a la oxidación y otras particularidades químicas hacen que se lo utilice en dispositivos tecnológicos de alto rendimiento.

Los alquimistas medievales y renacentistas intentaron trasmutar plomo en oro mediante procedimientos esotéricos y oscurantistas, sin ningún tipo de éxito, como ya todos sabemos. Por ello, en su afán por extraer oro de la naturaleza, el ser humano excava minas, dinamita montañas, remueve el lecho de arroyos y ríos como hacen los buscadores de oro del Amazonas –los garimpeiros–, y utiliza cianuro para separar el metal de las rocas que lo contienen.

Además, también intenta extraer oro del más abundante de los elementos de la superficie terrestre, el agua de los mares y océanos.

LA RIQUEZA DE POSEIDON

Las lluvias que caen sobre montañas y praderas arrastran hacia los ríos todo tipo de metales que inexorablemente terminan siendo volcados en los mares del mundo. El agua de los océanos constituye una inmensa reserva de riqueza mineral esperando por el desarrollo de métodos económicamente rentables que permitan su explotación.

La rentabilidad o no de los procedimientos para la extracción de un mineral depende en gran medida de la cantidad de material que se encuentre en disolución. El magnesio es el tercer elemento más abundante diluido en agua de mar y el primero que se extrajo a escala comercial hace casi un siglo.

En 1872, el químico inglés Edward Sonstadt estableció definitivamente que las saladas aguas de mar tienen oro en suspensión coloidal. A partir de ese momento, lápiz en mano, comenzó a fantasearse con su posible aprovechamiento. Para ello era necesario determinar fehacientemente su grado de disolución, lo cual fue motivo de debate entre los químicos de la época, ya que la cantidad es variable y depende tanto de la ubicación geográfica del mar como de la profundidad de la que se extrae la muestra.

Algunos afirmaban que no pasaba de una parte por mil millones, mientras que otros aventuraban que a esa cifra había que multiplicarla por diez o por cien, con lo cual la actividad se presentaba extremadamente provechosa.

Tras la fiebre del oro en California, que entre 1848 y 1855 había motivado a centenares de miles de aventureros de todo el mundo a tentar suerte en el nuevo El Dorado cercano a San Francisco, en esta ocasión la codicia áurea se apoderó de la mente de científicos y de capitalistas inescrupulosos. También, como no podía ser de otro modo considerando que había oro de por medio, aguzó el ingenio de los infaltables estafadores.

DIVINO TESORO

En 1896 el reverendo Prescott Jernegan, pastor de una iglesia baptista de Middletown, EE.UU., afirmó haber tenido una visión divina. En ella le habría sido revelada (alabado sea Dios) la técnica para fabricar un aparato para extraer oro del agua de mar, al que denominó el Acumulador de Oro.

El celestial dispositivo constaba de una caja de madera con orificios que permitían el ingreso de agua. Adentro llevaba un recipiente en el que se depositaba un ingrediente secreto mezclado con un metal que ya había sido profusamente utilizado por los alquimistas medievales y renacentistas, el mercurio. Para desencadenar el proceso de extracción se hacía circular una corriente eléctrica que provenía de una batería.

Jernegan ofreció el invento a un joyero llamado Arthur Ryan, quien lo testeó junto con un grupo de colegas. Tras sumergir el dispositivo durante varios días en aguas de Rhode Island, el grupo encontró oro dentro del recipiente, no mucho, pero oro al fin.

Oro que, como los lectores más sagaces ya habrán imaginado, había sido colocado a escondidas por un tal Charles Fisher, un buceador profesional contratado por el reverendo.

Inmediatamente Jernegan y Ryan juntaron a un grupo de inversores y fundaron la Electrolytic Marine Salts Company. El objetivo era fabricar más de mil acumuladores y así multiplicar la producción. Parte del capital inicial aportado por los socios fue destinado por el reverendo para comprar en secreto oro en otros lugares, el cual era enviado semanalmente a la casa central que la firma había establecido en Boston como una muestra de las bondades del dispositivo y de la rentabilidad que presentaba la inversión.

El supuesto éxito del negocio provocó que el valor de las acciones de la empresa se incrementara rápidamente, pasando su precio de 33 a 150 dólares. Una vez más, el brillo del oro encandilaba las pupilas de los ilusos. Poco tiempo después Jernegan y su asistente buceador desaparecieron con cerca de 200.000 dólares cada uno.

La historia volvía a repetirse. Indudablemente los inspiradores del reverendo fueron los alquimistas que 400 años atrás recorrían las ciudades europeas, muchos de ellos charlatanes y embaucadores que a cambio de una pequeña inversión inicial ofrecían sus servicios y sus atanores a los incautos interesados.

DAS RHEINGOLD

Dejando las estafas de lado, el intento más serio y sistemático por extraer oro del mar fue casi con seguridad el que emprendieron los germanos a principios de la década de 1920. Tras perder la Primera Guerra Mundial Alemania debía pagar las cuantiosas indemnizaciones a las que había sido obligada por el Tratado de Versalles. El oro de los mares podía ser la salvación económica para un país sofocado por el peso de la deuda.

Fritz Haber, reconocido químico alemán ganador del Premio Nobel de 1918, fue quien tuvo a su cargo el desarrollo del proyecto. Las invenciones anteriores de Haber habían sido utilizadas provechosamente por su país, para bien y para mal de la humanidad.

Junto con Carl Bosch, Haber había desarrollado la síntesis del amoníaco y de productos nitrogenados como fertilizantes y explosivos, lo cual le permitió a Alemania prescindir del nitrato de sodio natural procedente de los yacimientos ubicados en el norte de Chile. Esto fue de vital importancia para los intereses germanos, ya que esos depósitos eran explotados principalmente por compañías británicas y al estallar la Primera Guerra Mundial Inglaterra había bloqueado el comercio con Alemania.

El otro servicio de gran relevancia que había prestado Haber a su país tuvo características más macabras: fue uno de los responsables de la fabricación y perfeccionamiento de las armas químicas que los alemanes usaron durante el conflicto.

Nuevamente la ciencia podía acudir en defensa de los intereses nacionales. El gobierno germano pidió a los oficiales de los barcos mercantes que le trajeran muestras de agua de los siete mares. A su vez, el propio Haber hacía lo mismo mientras recorría en su propio barco-laboratorio el Atlántico Sur.

Haber analizó más de 5000 muestras de agua, hasta que llegó a la conclusión de que el proyecto estaba destinado al fracaso por la baja concentración de oro que encontró en todas y cada una de ellas.

EXPECTATIVAS A LA BAJA

Durante la década del 30 la Dow Chemical Company intentó aprovechar parte del proceso mediante el que extraía comercialmente bromo y magnesio del mar para obtener también oro. A cargo del mismo estaba Thomas Midgley, ingeniero mecánico devenido químico que desarrolló dos de las sustancias más perjudiciales para la atmósfera que haya creado el ser humano en toda su historia: el tetraetilo de plomo, sustancia que se usaba como aditivo en la nafta, y los clorofluorocarbonos que tanto afectan la capa de ozono. En el año 1934 Midgley predijo que algún día el oro se iba a poder extraer de forma rentable de los océanos, pero sus intentos también terminaron fracasando.

En los años posteriores las lucubraciones bajaron de intensidad pero no se detuvieron, siempre con el foco puesto sobre la cantidad de oro que se encuentra en suspensión y si las cifras brindadas por Haber eran correctas.

A mediados de los ’80 algunos investigadores descubrieron que el metabolismo de algunas bacterias solidifica el oro en suspensión coloidal provocando su precipitado, con lo cual algunos optimistas comenzaron a especular con la posibilidad de aprovechar este mecanismo biológico para desarrollar el esquivo método.

En los últimos años los anuncios acerca de bacterias que pueden sobrevivir en las tóxicas soluciones de oro y que además producen partículas de ese metal se multiplicaron. En el año 2009 científicos de Australia reportaron que habían logrado comprender el proceso bioquímico mediante el que la Cupriavidus metallidurans, bacteria presente en yacimientos de oro de ese país, podía acumular nanopartículas de oro en el interior de sus células, anulando la toxicidad del compuesto original. Poco tiempo después, un grupo de investigadores de Ontario indicaron que otra bacteria, la Delftia acidovorans, actúa de manera análoga, pero en lugar de metabolizar el oro en su interior, crea estructuras sólidas que recubren sus células.

Sin embargo, en estos casos, el interés que persiguen estas investigaciones pasa por elaborar un método que, además de purificar las aguas residuales producidas en la minería del oro, permita recuperar parte del metal que se pierde en el proceso extractivo.

Volviendo a las profundidades oceánicas, Hugh Aldersey-Williams afirma en el libro La tabla periódica que los mares del mundo podrían albergar unos 400 billones de euros en oro a valores actuales. Pero más allá de lo gigantesco de la cifra, el costo de extracción todavía es demasiado grande para que pueda implementarse.

Ajeno a estas especulaciones, Poseidón sigue disfrutando en exclusividad, rodeado de las ninfas acuáticas, del tesoro áureo de su reino

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/futuro/13-3052-2014-08-09.html

Publican fotos del náufrago que sobrevivió más de un año a la deriva en el Pacífico

El náufrago que afirma haber sobrevivido más de un año a la deriva en el océano Pacífico fue trasladado este lunes a Majuro, capital de las Islas Marshall, tras haber sido rescatado por una patrulla marítima.

“Estoy vivo y no me lo puedo creer”, dijo José Salvador Albarengo al desembarcar en la capital de esa nación del Pacífico Sur, informa AFP.Demacrado, con melena y barba largas, el náufrago, que inicialmente se identificó como José Iván, fue rescatado en el apartado atolón coralino de Ebon por una lancha patrullera de la Armada local.

AFP GIFF JOHNSON

Según Albarengo, originario de El Salvador, fue capaz de sobrevivir tantos meses bebiendo sangre de tortuga cuando le faltaba agua de lluvia y comiendo aves y peces que cazaba con las manos.

Las autoridades de las Islas Marshall por su parte informaron de que “el náufrago iba vestido únicamente con unos calzoncillos harapientos” y de que “su embarcación tenía el aspecto de haber estado en el agua mucho tiempo”.

AFP GIFF JOHNSON

Albarengo relató que a finales de 2012 partió de México rumbo a El Salvador en una pequeña embarcación, pero su barco sufrió una avería y los fuertes vientos lo desviaron y se perdieron. Agregó también que viajaba junto a un compañero, que supuestamente murió hace unos meses en alta mar.

Alain Bombard: El francés que cruzó el océano como un náufrago voluntario, bebiendo agua de mar.

¿Te apuntarías al desafío de experimentar la vida de un náufrago voluntario en alta mar por días y días a la deriva en medio del océano?. Aunque pensaríamos que nadie respondería que sí, la audacia la tuvo ya hace más de medio siglo el médico y biólogo francés Alain Bombard, quien decidió convertirse en su propio conejillo de indias.

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Alain Bombard encaja en el prototipo de personas que llevan sus convicciones a la práctica aún cuando los parámetros de sus aventuras no encajan en la sensatez de un ciudadano promedio. Su seguridad, en todo caso, no se apoyaba en absoluto en la improvisación, sino en lo que consideraba una teoría razonable, expuesta a la experimentación previa y la investigación científica ligada a su profesión. Interesado desde joven por las técnicas de supervivencia, en el año 1953 se larga al océano con un bote inflable, nada menos que para enfrentar el escepticismo que despertaban entre sus colegas científicos sus teorías sobre la capacidad de sobrevivir sin alimentos y comida.

En el comienzo de la que sería la aventura de su vida, hay una tragedia que resulta disparadora: tras un naufragio en el año 1952 en el Canal de la Mancha, 43 marineros mueren en alta mar, una situación que intriga a Bombard desde su puesto como médico residente en el hospital de Boulogne, en donde recibe los 43 cadáveres. La idea de que decenas de vida habían terminado innecesariamente por falta de medios, pero también de conocimientos, indudablemente le quitaría el sueño durante los próximos meses.

La tragedia del naufragio, lo lleva a estudiar casos similares y observar que en la mayoría de las historias de náufragos a la deriva en pobres embarcaciones, hay una alta probabilidad de sobrevivir, y aún de aumentar tal probabilidad a través de una serie de normas de supervivencia. Su convicción sobre la posibilidad de revertir las estadísticas de mortalidad, lo llevan a trasladarse al Instituto Oceanográfico de Mónaco, en donde se aboca a la tarea de investigar las propiedades nutricionales de los peces y la que sería su teoría más controvertida: explorar la posibilidad de sobrevivir aún bebiendo dosis mínimas de agua de mar durante un tiempo no muy prolongado.

Tras meses de estudio y ante el escepticismo de sus colegas, Bombard decide convertirse en un náufrago voluntario sometido a sus propias reglas de supervivencia. El objetivo, sería navegar por días prescindiendo de reservas de alimentos y agua, valiéndose de la fauna marina para obtener las vitaminas esenciales y hasta el líquido. Incluso consideraba posible alimentarse a través del plancton, e hidratarse con el agua, ya sea extraída de los fluidos de los peces crudos (cuyos tejidos contienen menor cantidad de sal que los mamíferos) o del propio mar en dosis mínimas en tiempos de escasez de lluvia.

image En 1952, realiza una expedición de 18 días desde Mónaco a las Islas Baleares junto a un colega voluntario, una viaje accidentado que llega a buen puerto en malas condiciones. Pero el viaje por el Mediterráneo, era un anticipo de lo que estaba por venir, aún a sólo días de presenciar el nacimiento de su primer hijo. En octubre parte desde Casablanca a las Canarias, para proseguir en solitario en un viaje transatlántico con destino a las Antillas, sin alimentos ni reserva de agua.

La aventura de cruzar el océano, duraría 65 días. Lo conseguiría a bordo de la misma embarcación de su primer aventura (L’Hérétique), un bote neumático Zodiac a vela y con mínimas comodidades (apenas 4,60 metros de largo), cargado con herramientas de navegación como un sextante, cartas náuticas, mapas, una red especial y algunos libros.

La alimentación a base de plancton y peces y la hidratación a base de “jugo de peces” alternada con lo que el cielo provee en forma de lluvia, en dosis insuficientes lo llevarían durante su viaje a perder peso (unos 25 kilos), debilitarse y enfrentar el miedo a la muerte. Si es que podría considerarse una excepción en su experimento, en alta mar cruza un carguero que le suministra unas mínimas dosis de alimentos para recuperar el ánimo y proseguir. Alain Bombard desembarca en Barbados el 23 de diciembre de 1952, e inmediatamente es hospitalizado por su deplorable estado.

Su aspecto no era otro que el de un hombre demacrado y anémico. Había sobrevivido a las tormentas, roturas de vela, inundaciones de la embarcación, el acecho de tiburones, pero sobre todo, a su propia soledad y desesperación. Aún después de sobrevivir bebiendo pequeñas cantidades de agua de mar en días de escasez, lo más importante según su testimonio, sería la actitud desplegada: “no hay nada más importante para sobrevivir a un naufragio que no perder nunca la esperanza…no hay nada más importante, que ser un náufrago más testarudo que el mismo mar”.

Bombard, había ganado la batalla contra el mar, con muchos conocimientos y sabiduría aplicada, pero también, con una dosis de buena fortuna. Aún hoy, la epopeya de sobrevivir sin recurrir nunca a una reserva de agua dulce más que la lluvia y lo que provee la fauna marina aún encuentra infinidad de escépticos y desentendidos. Con algo de arrogancia, algunos periódicos estadounidenses lo incluyeron  años después en “una larga lista de aventureros franceses que afrontaron desafíos estúpidos”. Pero distinta fue la reacción posterior en su propio país.

imageDe regreso en Francia es esperado por periodistas con gran repercusión. En 1954 publica un libro sobre su experiencia, que le hace ganar popularidad y fama a nivel internacional. En su obra, Bombard resume lo que serían sus líneas para un manual de supervivencia para náufragos, para la que detalla dos claves: es posible sobrevivir en el mar incluso sin disponibilidad de agua dulce ni de lluvia durante un tiempo acotado, y la segunda, nuestro peor enemigo en alta mar no es la falta de alimento o agua, sino el terror y la desesperación.

En cuanto a los consejos, en su libro “Náufrago voluntario” detalla las claves de supervivencia. Además de poseer sólidos conocimientos de navegación y comprender las variables del clima:

– Se puede obtener alimentos de la pesca e incluso recolectar plancton (ricos en vitamina C) con una red especial.

– En momentos de escasez de lluvia, se puede beber agua de mar en pequeñas cantidades (aunque cómo veremos más adelante, ésta punto no encuentra aceptación o como mínimo, ha llevado a malas interpretaciones de su teoría), y hasta hidratarse con el agua que proveen los propios peces.

– Evitar la desesperación que provoca el aburrimiento a través de actividades diarias

Si hay alguien habilitado para opinar sobre las normas Bombard, ese es el alemán Hannes Lindemann, quien se propuso realizar dos cruces transatlánticos en canoa y kayak en solitario, bajo las normas de supervivencia de Bombard. En sus viajes accidentados, descubriría que no podría sobrevivir sin un mínimo de disponibilidad de agua dulce entre sus reservas.  Aunque también se argumenta, que algunos de las teorías de Bombard podrían estar malinterpretadas. Bombard, sostenía que se pueden superar etapas críticas de ausencia de agua potable, si se ingieren pequeñas cantidades de agua de mar acompañadas de absorción de líquidos extraídos del cuerpo de los peces, pero no que se puede eliminar por completo la disponibilidad de agua dulce.

La vida de Bombard tras el viaje, continúa como escritor y defensor de sus teorías, dedicado a la investigación, y en el plano institucional, con un breve paso en el Ministerio de Medio Ambiente, y durante 14 años, como diputado del Parlamento Europeo. Sin embargo, su mayor esfuerzo lo vuelca a las actividades en la defensa del medio ambiente y la ecología. Sus batallas, lejos de librarse contra las tempestades de alta mar, estarían enfocadas a disparar contra la proliferación de la energía nuclear, el sacrificio de focas en el Ártico, o  los métodos de cría de gansos para la producción de Paté de foie gras, que le hicieron ganar no pocos enemigos en la industria. Ya en sus últimos años, Bombard argumentaría su conversión al ecologismo: “Yo he luchado primero en nombre del hombre contra la adversidad del mar…ahora me he dado cuenta que es más urgente luchar en nombre del mar contra los hombres”.

Alain Bombard muere en el año 2005, luego de recibir algunos homenajes al cumplirse los 50 años del viaje que marcó su vida. Incluso, fue condecorado con la Legión de Honor y la Orden al Mérito Marino en Francia. En su viaje, había demostrado las altas probabilidades de sobrevivir a una situación tan extrema. Además, su aventura, contribuyó a que la legislación hiciera obligatoria la presencia de lanchas de supervivencia bajo parámetros regulados, junto a mejoras en los procedimientos de seguridad a bordo de buques. Una vez más, quedaron plasmados importantes avances que permiten salvar vidas, como consecuencia del accionar de un ser humano intrépido, invadido por un momento de pura insensatez.

Información en:

Alain Bombard, Transatlantic adventurer who survived on the fruits of the sea (The Times)

Experimento de Bombard / Alain Bombard / Wikipedia

Alain Bombard, un atrevido navegante en solitario / Obituario en El Mundo

Alain Bombard, 80, Dies; Sailed the Atlantic Alone / Obituario en The New York Times

Imagen 2 en IndiaTimes

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Fuente: http://matiascallone.blogspot.com.es/2011/05/el-frances-que-pudo-cruzar-el-oceano.html