Sahara Forest Project: aprovecha calor y agua de mar para cultivo

En los últimos meses se ha logrado cosechar exitosamente cebada, pepino y arúgula. Se genera bioenergía, a la vez que se aprovecha agua de mar y el calor extremo.

En medio del desierto de Qatar se encuentra un terreno donde ocurren cosas alguna vez inimaginables; como si se tratará de un espejismo. Un lugar donde puedes aprovechar agua salada, generar agua dulce, sembrar, cosechar y disfrutar de los beneficios del sol. Esa idea de hacer florecer al desierto dejó de ser un sueño, para convertirse en Sahara Forest Proyect.

Si se puede cultivar en los tejados de Nueva York, entre grandes rascacielos, por qué no cultivar en pleno desierto. Sahara Forest comienzó hace unos meses como una investigación, con un espacio de una hectárea, una idea que sólo un loco o un genio podría ejecutar. Y, señores, los resultados han sido favorecedores.

La idea nace de aprovechar los elementos que abundan en la región; que, en el caso de Qatar, hablamos del intenso calor y el agua del mar. A primera vista, cualquiera diría que sería imposible crecer una lechuga. En pleno desierto, ¿cómo? La clave ha sido ver más allá; apostar por la transformación de estos elementos para obtener recursos valiosos para la agricultura: un espacio apto para el cultivo, generar la energía necesaria y agua dulce, el líquido vital.

“Estas ideas podrían parecer demasiado buenas para ser verdad […] Esto se basa en un principio muy sencillo. Nuestro punto de partida fue tomar lo que tenemos en abundancia — agua de mar, calor — y usarlo para producir lo que más necesitamos: agua, energía y una producción de alimentos sostenible.” Joakim Haugue, director general el Proyecto Sahara Forest

La clave que hizo al Sahara Forest una realidad está en la sinergía de sus distintos procesos, con distintos sistemas. Comenzamos con una planta de energía solar concentrada, en donde se aprovecha el calor en vapor que, a su vez, gracias a turbinas y generadores, se transforma en electricidad. Esta sirve para alimentar a una bomba que aprovecha el agua de mar para enfriar los invernaderos.

En los invernaderos, el agua dulce que resulta de sus desechos se reutiliza para regar las plantas colocadas al exterior; mismas que filtran el sobrante y lo mantienen en el sitio, para generar humedad y, con ayuda del viento, se percibe un ambiente fresco que beneficia a la vegetación.

El último proceso aprovecha, de nuevo, el agua salada para cultivar algas que, a su vez, generan bioenergía — un proceso que se encuentra todavía en desarrollo, con excelentes resultados a la fecha. — Al final todos los sistemas involucrados se benefician entre ellos para tener una producción sostenible.

En los últimos meses este sistema se ha implementado para cosechar exitosamente cebada, pepino y arúgula. Con los beneficios del sol desértico y el agua del mar; algo fuera de lo común en la agricultura, que ahora es posible.

El Proyecto Sahara Forest comprueba que, si se hace un estudio de los elementos abundantes de cualquier zona, se puede sacar provecho y generar las condiciones ideales para el cultivo. Se espera que este mismo modelo se pueda aplicar a lugares donde nunca antes se imaginó tener un cultivo. Si lo vimos en plena ciudad, ¿por qué no en los desiertos? Interesante iniciativa.

Fuente: http://www.veoverde.com/2013/07/proyecto-sahara-forest/

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