El mar devora la costa

El temporal se ceba con San Sebastián, donde olas de hasta 11 metros causan importantes daños materiales

La rotura del espigón de Frantxua dejó sin protección a las lonjas, que sufrieron el embate de las olas y facilitó la llegada del agua hasta el puerto interior.

La rotura del espigón de Frantxua dejó sin protección a las lonjas, que sufrieron el embate de las olas y facilitó la llegada del agua hasta el puerto interior. (Z. Alkorta)

san sebastián. Exige un esfuerzo asimilar lo ocurrido. Los daños ocasionados son incalculables. La costa guipuzcoana amaneció ayer devastada por un temporal que ya ha pasado por derecho propio a los anales de la historia. Las olas de siete metros que tanto se temían llegaron a elevarse por encima de los once, con inmensa capacidad destructora, provocando destrozos en municipios como Getaria, Zarautz u Orio, pero ensañándose con especial virulencia en San Sebastián, una ciudad a merced de la naturaleza, convertida en poco menos que un juguete que iba y venía. La marea embravecida le golpeó sin compasión, y el Ayuntamiento de San Sebastián estudiaba ayer pedir la declaración de zona catastrófica.

El oleaje, que castigó también las costas de A Coruña (al cierre de esta edición se buscaba a un adolescente arrebatado por el mar en Lugo) y Cantabria, se enseñoreó en la costa guipuzcoana como nunca lo había hecho. Avanzó por la desembocadura del río Urumea con inmensa capacidad destructora y derribando, como si de un castillo de naipes se tratara, toneladas de piedra y hierro forjado. El azote del mar obligó a cerrar los puentes del Kursaal, María Cristina y Mundaiz, que perdieron parte de su barandillado. Estos pasos estuvieron cerrados a primera hora de la mañana, con bloques de mármol esparcidos por la calzada, que no dejaron de ser fotografiados durante toda la jornada.

Nadie recordaba cosa igual. Muchos donostiarras de edad avanzada removían ayer en su memoria sin encontrar paralelismos. Milagrosamente, no hubo que lamentar daños personales. Cientos de curiosos asistieron con asombro a un espectáculo que sobrepasó las expectativas creadas. “Nunca en la vida he visto cosa igual”, confesaba un joven al que poco después una ola le lanzaba al suelo.

Llevaban como gigantes enfurecidos, golpeando el puente del Kursaal para continuar avanzando, superando por encima del metro la barandilla del paseo Ramón María Lili, sin llegar a perder su caudal, para acabar estampándose contra uno y otro puente. “Mirad, mirad”, decía un joven a sus amigos a la altura del puente de Santa Catalina. Frente a él se levantaban dos olas que rompían instantes después llevándose 20 metros del puente.

la hora de la pesadilla

Entre las cinco y las seis

Lo peor se registró entre las 5 y las seis de la mañana, coincidiendo con la pleamar. Centenares de curiosos madrugaron para hacer fotografías. Otros muchos regresaban de juerga y caían al suelo empujados por las olas en uno de los peores temporales que se recuerdan. “Hemos de congratularnos de que no ha habido daños personales”, declararía horas después la consejera de Seguridad del Gobierno Vasco, Estefanía Beltrán de Heredia.

Con cada golpe de mar, las ramas saltaban sobre la calzada, y la zona costera de la ciudad, repleta de precintos policiales y carreteras cortadas, ofrecía la imagen de un paraje arrasado por el mar, que deja desolación cuando regresa.

El agua entraba por la Parte Vieja como si de un afluente del río se tratara. A las 6.00 horas, con la mar rozando los cinco metros de altura, las olas rompían en el Paseo Nuevo y se colaban por la calle 31 de agosto hasta la altura de la plaza de la Trinidad. El Ayuntamiento se vio obligado a desalojar bajos de la calle Soraluze y de la vía San Juan. Varios vecinos, con el agua por las rodillas, tuvieron que ser realojados. “Entran varias olas de forma consecutiva y se formaba un embudo que obliga a retirarse. Es increíble, el agua está trayendo piedras y más piedras enormes”, decía un vecino asustado. A esas horas, la calle 31 de agosto era una piscina cuyas aguas llegaron a alcanzar la Plaza de la Constitución. El agua entraba con muchísima fuera por la calle Aldamar y un cámara de televisión que trataba de tomar imágenes de la crecida fue abroncado, ante el riesgo que podía correr su vida por tanta exposición.

Entretanto, ramos y más ramas, palos e incluso árboles se depositaban en varias esquinas de la Parte Vieja. Los operarios trataban de levantar arquetas y sumideros para aliviar el agua, una maniobra que en unos primeros instantes resultaba imposible por la presión de la corriente. La marea alta ya había superado la cota de máximo peligro, pero el agua seguía entrando. Todavía no había amanecido. Operarios de Cruz Roja con linternas iban de un lado a otro en busca de vecinos que no podían acceder a sus casas. Dos personas fueron ayudadas para entrar al piso. A las 6.30 horas, el agua llegaba hasta la cintura.

El destrozo también desbarató el tendido eléctrico. Unos 600 vecinos de la Parte Vieja se quedaron sin luz. Con las primeras luces del día, Operarios de Iberdrola trataban de reparar la avería. Las calle Aldamar amanecía sembrada de pedruscos y arena por todas partes. “No te cansas de ver todo esto. Cuesta dar crédito a lo que tenemos delante”, le decía un joven a su padre, que había venido expresamente desde el barrio de Gros para comprobar in situ el destrozo. En este barrio el desastre no fue menor. No suele ser habitual que las crecidas alcancen esta zona, pero lo cierto es que parte de la barandilla de la Zurriola desapareció, y el empuje de las olas convirtió la calzada en una prolongación de la propia playa, con la carretera tamizada por la arena, y ramas y más ramas repartidas aquí y allá. La entrada a los baños de la playa quedó sepultada.

Entretanto, los agentes seguían en la Parte Vieja intentando recomponer las piezas de la catástrofe, trasladando contenedores que el agua había desplazado a su antojo.

Un tronco se empotró contra una verja de la ikastola de la Parte Vieja. En la plaza Zuloaga aparecían dos bancos envueltos en ramajes con los hierros doblados como si de un colmillo torcido se tratara. En su deriva, el agua arrancó parte del mobiliario urbano, doblando señales de tráfico y arrastrando piedras de más de 200 kilos. El Museo San Telmo tuvo que ser cerrado.

garajes y comercios anegados

Sin corriente eléctrica

El Paseo Nuevo fue otro de los lugares más castigados por el impacto de las olas, que rompieron parte del muro de piedra. El agua entraba por los huecos del dique abierto y riadas de agua se colaban hacia la Parte Vieja, donde se anegaron bajos, lonjas, garajes. Muchos comerciantes se mordían las uñas ante el temor de lo que se estaba gestado de puertas adentro. La falta de corriente eléctrica les impedía abrir las persianas de unos locales de los que no dejaba de salir agua. “Mira, mira cómo sale agua. Esto es un drama”, decía una hostelera impotente ante la dimensión de lo ocurrido.

Las pérdidas se antojan incalculables. El Ayuntamiento de San Sebastián ya ha abierto una oficina de atención a los afectados, con quienes mantendrá hoy una reunión a las 9.30 horas. Las olas también reventaron las puertas del Museo San Telmo y destrozaron las instalaciones de la Sociedad Fotográfica y del restaurante Kaskazuri. Personal de los cines Príncipe trabajaron para sacar todo el agua con el fin de retomar las proyecciones por la tarde.

El agua también se coló con impresionante fuerza por cristaleras y establecimientos del paseo Salamanca. Una excavadora trabajó por la mañana en las labores de desescombro. Otras de las vías más afectadas fueron la calle San Juan, Narrika, San Vicente, Igentea y 31 de agosto, donde los bomberos ayudaron a los vecinos achicando agua con motobombas.

La playa de la Concha y Ondarreta también soportaron lo suyo. El temporal arrancó la escalera de piedra que permite baja al Pico del Loro, junto a la escultura de Fleming. La barandilla del paseo en este punto también se desprendió. Los bajos de la playa también sufrieron daños. La discoteca La Rotonda quedó completamente inundada.

Por efecto de las corrientes, la arena de la Concha acabó depositándose en Ondarreta, donde la entrada a las cabinas colectivas quedó sepultada por la porquería. El oleaje también destrozó parte del muro situado frente al Club de Tenis y el restaurante Branka.

Fuente: http://www.noticiasdenavarra.com/2014/02/03/sociedad/el-mar-devora-la-costa

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Un pensamiento en “El mar devora la costa

  1. Gracias

    Un informante particular hace saber lo que parecen no indicar ni ayuntamiento ni periódicos:

    Las tres cabinas colectivas de San Sebastián sufrieron importantes daños por los fuertes golpes de mar del 2 de febrero de 2014: http://www.deia.com/2014/02/03/sociedad/euskadi/donostia-zona-cero

    Pasado menos de un mes, ya hace días que volvieron a ponerse en marcha, abiertas al público de nuevo, las cabinas colectivas de la playa de La Concha, tras unas rápidas e intensas reformas.

    Pero los destrozos en las cabinas de la Zurriola y Ondarreta fueron mayores y todavía no han terminado de arreglarlas. Esperan poderlas volver a abrir o poner en funcionamiento para el verano.

    http://www.foro-ciudad.com/guipuzcoa/playa-de-la-concha/mensaje-11884877.html

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