DESCUBRIENDO EL AGUA DE MAR

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DESCUBRIENDO EL AGUA DE MAR

“La vida animal en estado de célula aparece en el mar…..Todo organismo animal, es un verdadero acuario marino, donde continúan viviendo en las condiciones acuáticas originales, las células que lo constituyen….el glóbulo blanco extraído del organismo y llevado al agua de mar, vive allí perfectamente”

El Agua de mar medio orgánico: Rene Quinton

Allí comenzó la vida. Sin el mar nadie hubiéramos podido existir y nuestro planeta seguiría estéril, desértico en la inmensidad del universo. Al mar debemos nuestra existencia, los ríos, las especies, el agua dulce y la belleza de un mundo que se nos está escapando de las manos por indignidad y descontrol. En el mar nació la célula, principio de la vida, después llegaron seres unicelulares que se fueron agrupándo con el paso de miles de años, naciendo otros más complejos, más grandes, más evolucionados pero con el mismo origen. En el agua de mar se juntaron todos los elementos minerales existentes en el planeta para que naciera la célula.

Rene Quinton, un sabio francés que descubrió las propiedades benéficas del agua de mar, formuló las Leyes de la Constancia y comprobó como ese líquido elemento que abunda en nuestro planeta y que creíamos inservible, era un verdadero tesoro de la humanidad que aplicado a los seres vivos enfermos, donde las células mueren por acidez, el agua de mar, en contacto con ellas, hacía que se activaran, renovando el agua de nuestra pecera interna y vivieran combatiendo y eliminando la enfermedad.

Rene salvo la vida de miles de personas con el simple procedimiento de inyectar agua de mar y sus dispensarios marinos fueron famosos en Francia y otros lugares, donde niños y mayores llegaban con enfermedades y desnutridos, saliendo de ellos completamente sanos.

El 70% del volumen corporal de un ser vivo es agua de mar. Las lágrimas, la sangre, el sudor, las mucosidades, las secreciones…son saladas . Como hemos visto en la cita que abre este artículo, Quinton explica en su libro, que el cuerpo humano es un acuario que conserva las mismas propiedades que el agua de mar y que de la calidad de su agua marina “Medio Interno”, depende la vida de sus habitantes: 100 trillones de células, iguales a las que dieron origen a la primera célula, hace millones de años. También demostró que para que la vida pueda cumplir con las altas funciones que le han sido encomendadas con el máximo de la actividad, vitalidad y energía de la que es capaz, precisa de una nutrición orgánica, alcalina, biodisponible, natural, ecológica, panatómica e integral que le proporciona el agua de mar, que contiene todos los elementos de la tabla periódica y que la ciencia ha reconfirmado actualmente, junto a un óptimo consumo de oxígeno.

El Premio Nóbel Otto Warbürg, comprobó científicamente que “donde hay oxígeno y alcalinidad, no puede existir enfermedad ni cáncer”. El agua de mar es alcalina, por lo que además de tener todos los elementos nutrientes para la célula, tiene una alcalinidad de 8.2 que la hacen indispensable para renovar nuestra pecera y activar nuestras células ante la renovadora savia del mar.

Debemos de saber que el agua de mar, no es agua con sal. No es sal química. Está compuesta por los 118 elementos de la tabla periódica. En el agua de mar sigue estando todos los elementos y también, la sabiduría para reparar o curar las enfermedades y lo que es más importante, prevenirlas

El Doctor Ángel Gracia, en su libro “La dieta de los delfines” nos explica que el agua de mar:

  • Recarga hidro-electrolíticamente. Rehidrata al mismo tiempo que suministra la totalidad de los más puros y orgánicos minerales (electrolitos) en una forma fácilmente asimilable.
  • Reequilibrio de la función enzimática. Reequilibra la función enzimática sin la que es imposible el funcionamiento de los mecanismos de la autopreparación que rige el ADN y la salud consiguiente.
  • Regeneración celular. Regenera las células individualmente como consecuencia de que el agua de mar les suministra los elementos imprescindibles para su buen funcionamiento, con lo que el organismo vuelve al equilibrio homeostásico.

Los conocimientos de Quinton y sus Leyes de la Constancia, hacen tambalear al darwinismo, que postula que la evolución de las especies se ha realizado por adaptación al medio y por la herencia. Sin embargo, vemos que tenemos trillones de células que continúan viviendo en un medio orgánico al original y que el cambiar ese medio, su deterioro o acidez, nos lleva a producir enfermedades, desnutrición y muerte.

Quinton decía en su libro en el apartado de aplicación terapéutica que: “cada vez que el medio interior se altera, la célula sufre, las funciones se cumplen mal y los órganos se deterioran. El agua de mar es útil donde el medio extracelular este viciado por cualquier causa”.

Rachel Carson, jefe del Servicio de Investigaciones Marítimas de los EEUU, escribe en El mar que nos rodea (Grijalbo 1980), “Cuando dejaron el mar, los animales que fueron a adaptarse a la vida terrestre se habían llevado consigo un elemento de su primer medio, que sus hijos trasmitieron a sus hijos y que vincula de nuevo a todos los animales de tierra firme con la vida marina… cada uno de nosotros lleva en sus venas un fluido salado, que combina el sodio, el potasio y el calcio en una proporción casi igual a la del agua de mar.

Esta herencia se remonta hasta el día en que -no sabemos cuantos millones de años hace- un lejano antepasado pasó del estado unicelular al pluricelular, elaborando un sistema circulatorio constituido por la simple agua de mar.”

En el mar siguen estando los mismos nutrientes que conformaron la primera célula. La misma que dentro de su membrana, que la aislaba del exterior a manera de fortaleza, conservó el agua de mar que la rodeaba, un agua que contenía y contiene proteínas, grasas, glúcidos, vitaminas y minerales dispersos. En el agua de mar sigue estando nuestro medio orgánico y es necesario que podamos ingerirla para restablecer nuestro equilibrio y adquirir todos los minerales para nuestra salud.

Una de las grandes preocupaciones de los consumidores del agua de mar, es la posible contaminación de sus aguas. Es cierto que existen numerosos vertidos a nuestros mares que por otro lado deberían estar prohibidos. Aguas sin depurar, vertidos de petróleo, sustancias químicas, residuos sólidos… El mar soporta un gran choque de estas sustancias que nos puede dar a pensar una elevada contaminación de sus aguas. Pero no es cierto. Debemos distinguir entre polución y contaminación.

La polución se origina en determinados puntos concretos (vertidos, desagües sin depurar…), mientras que si hablamos de contaminación en el mar, nos referimos en toda su extensión. Pero esto último no es posible, porque sino los millones de animales que viven en el mar se estarían muriendo y no es así. Ciertamente, al recoger agua de mar, debemos tener en cuanta los puntos de polución, no recogerla en los puertos, o cuando veamos el agua turbia o con residuos sólidos, etc. Debemos recoger el agua de mar al final de esos entrantes artificiales que encontramos en numerosas costas o al pie de playa si vemos que esta limpia.

El ecosistema marino tiene un poder de autodepuración que aún es un misterio para muchos científicos. Una gota de mar contiene un millón de bacterias y todas inocuas, sin peligro para la vida. En el mar no puede existir bacterias patógenas porque es alcalina y serian destruidas inmediatamente por la acción de todos sus elementos. Como dice Laureano Domínguez, si en el mar viviera, proliferara y se multiplicara aunque sólo fuese una bacteria «activada como patógena», la estaríamos respirando; ya las epidemias serían incontables hasta en los países «desarrollados». El tamaño de una bacteria es muchas veces inferior a las gotitas microscópicas que se desprenden constantemente del mar, que viajan libremente en el aire y que luego pasan, impulsadas por las corrientes atmosféricas, hasta el aire que respiramos.

Por otro lado, si el mar estuviera contaminado, no podríamos tampoco bañarnos, ya que el agua de mar entra por todos los orificios de nuestro cuerpo cuando estamos dentro de ella e irremediablemente nos contaminarían. Y no es así.

El agua del mar es la única «agua real», ya que es la fuente de todas las demás aguas dulces del planeta. Es la más rica y completa de todas las aguas minerales y también la más abundante de la tierra. La evaporación del agua en la superficie de los océanos se condensa en las nubes y retorna a la tierra en forma de lluvia y nieve, un agua que carece de minerales. El agua de lluvia forma los ríos, y éstos regresan al mar cargados de minerales que recogen de la tierra y de las rocas gracias a su poder como disolvente universal. De vuelta a los mares y océanos, el agua de los ríos se mezcla con las aguas y los minerales marinos, y alcanza la perfecta homeostasis que nos ofrece el mar como órgano con personalidad propia. Por algo es el eterno ciclo del agua, pero la fuente siempre es el agua oceánica.

Por todo ello, sin temor y recogiendo el agua con unas mínimas medidas de seguridad en cuanto a que en la zona no exista polución, podemos tomar agua de mar recogida directamente por sus propiedades nutritivas, por su alcalinidad y por tener todos los minerales necesarios para que nuestras células vivan y carguen batería, renovando el agua de nuestra pecera, activando nuestro sistema inmunitario y previniendo enfermedades

Quinton tenía la certeza de que su obra no sería olvidada para siempre, sino sólo provisionalmente. Y ha acertado. Hoy en día, un grupo de discípulos suyos como son Angel Gracia, Francisco Sánchez, Paco García-Donas y en la cabeza Laureano Domínguez, han redescubierto su obra y con su esfuerzo luchan para que las enseñanzas de Quinton sea una realidad para todos los ciudadanos del mundo. El agua de mar ha de ser un bien gratuito en beneficio de todos.

Descubrir el agua del mar, es descubrir nuestra propia historia, nuestra evolución, nuestra vida. Por ello, debemos conservarla, protegerla, cuidarla y ser declarada Patrimonio de la Humanidad.

enviado por PEDRO POZAS TERRADOS

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